martes, 4 de diciembre de 2012

Sobre guadañes, gaxapos y Van Gogh (after Millet)...


Fue durante la Edad de Hierro que aparecieron en Austria, Suiza y el sur de Alemania las primeras guadañas. Casi al tiempo, o muy poco después, se hicieron inseparables a esta los preseos o herramientas del segador: el gaxapu conteniendo la piedra de afilar en agua y forrada con hierba, con el paisano, y el yunque y el martiellu al pie del hórreo. De los primeros, los gaxapos, también denominados cachapas, zapicos y canaos, se viene mostrando en el Museo del Pueblo de Asturias de Gijón una soberbia exposición que incluye 114 piezas, pertenecientes a la propia colección del Museo y a la de Alfonso Fernández Canteli, de muy diversas procedencias y que ilustra sobre la distribución y tipología en Asturias de un instrumento de origen europeo. Fernández Canteli, gijonés y catedrático de la Universidad de Oviedo, también es propietario de las 106 madreñas de variopintas procedencias depositadas por diez años en el Museo de la Madera de Veneros, en Caso.



El segador, after Millet (1889), de Vincen Van Gogh, óleo sobre lienzo, 43,5 x 25 cm.
En colección privada del Reino Unido.


El gaxapu sólo existe en Europa y se utiliza en casi todo el continente. Su existencia se encuentra estrechamente relacionada con la explotación de la ganadería vacuna por la necesidad de acopiar hierba para alimentar al ganado durante los inviernos. Históricamente, sus primeras imágenes datan de la Edad Media puesto que no se conservan gaxapos anteriores a esta época. En el Salterio manuscrito de Bonmont, de 1260, ya se incluye un dibujo de un segador con gaxapu a la cintura.

A nivel europeo existe una gran diversidad de tipos de gaxapos. Entre los de madera predomina un modelo de cuerpo perfectamente cilíndrico, torneado, de gran tamaño y cuyo rasgo más característica es la forma apuntada de su base, que servía para clavar el gaxapu en el suelo cuando se cabruñaba la guadaña. Este modelo aparece desde Francia hasta los países del este de Europa, sobresaliendo los gaxapos en madera del área alpina de Italia, Francia, Suiza, Alemania y Austria, en especial los de la región del Tirol, de cuidadísima factura y exuberancia decorativa.

En España sólo existen gaxapos en la mitad norte, especialmente en el área de la Cordillera Cantábrica, donde predomina la ganadería vacuna., al contrario que la cría de ganado ovino, que no precisa del acopio de hierba para su alimentación, y que hace que apenas sean conocidos en los Pirineos. A excepción de Asturias y Cantabria, donde abundan los gaxapos de madera en gran variedad de formas y decoraciones, el tipo de gaxapu habitual en nuestro país, así como en Portugal, es el que se fabrica con un cuerno.

Ya situados en Asturias, existen cuatro grandes áreas de gaxapos en nuestra región, que parecen guardar relación con los cuatro grupos dialectales del bable. En el extremo occidental es casi exclusivo el gaxapu de cuerno, de ahí que se le denomine corno, y aunque estos aparecen también en otras zonas lo hacen de manera puntual. La decoración de los gaxapos hechos en cuerno de bóvido presenta similitudes con la de otros útiles elaborados en este mismo material (cuernas para ordeñar, para pólvora, etc.). Así, aparecen a menudo la figura humana y los nombres de los propietarios escritos en grandes letras.

          En el resto del territorio el gaxapu común es el de madera, existiendo tres tipos principales que se reparten en otras tantas zonas geográficas, aunque a menudo aparecen mezclados y son numerosas las variantes (cilíndricos, prismáticos o planos), decorados con motivos geométricos y figurativos (vegetales, animales y personas), que aparecen pintados, incisos o tallados. Sin embargo, no existe gran coherencia decorativa, lo cual sí sucede en las madreñas, por la ausencia de artesanos especializados que mantuviesen la continuidad en los motivos.

Cierto es que en los últimos años cada vez se ven más gaxapos comerciales de materiales plásticos y menos de madera o cuerno. Por ello, por su variedad y belleza, se justifica sobradamente su estudio, conservación y divulgación, como un elemento más de nuestro patrimonio cultural.


   


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